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Adiós a los convenios con la reforma laboral ¿Qué hacer?

La falta de acuerdos entre patronal y sindicatos unido a la puesta en marcha definitiva de la reforma laboral se ha traducido en el final de 1.300 convenios colectivos al terminar con la ultraactividad. Esta práctica permitía prorrogar de forma automática el anterior convenio hasta la firma del nuevo acuerdo. Sin embargo, la última reforma laboral eliminó esta figura de forma que, ante la falta de acuerdo, se pasa a aplicar el conevio colectivo de ámbito superior. Dicho de otra forma, en defecto de otro convenio se aplica el Estatuto General de los Trabajadores.


A efectos prácticos, esto quiere decir que una empresa en un sector cuyo convenio expira podría aplicar directamente lo dispuesto en el Estatuto General de los Trabajadores con medidas con un Salario Mínimo Interprofesional de 645,3 euros al mes. El perjuicio para los trabajadores resulta evidente en caso de que la empresa se decidiese por regirse directamente por lo que indica la reforma laboral. De hecho, los sindicatos ya han alertado de la posibilidad de que se paralice la firma de multitud de convenios al poder aplicarse directamente el Estatuto General de los Trabajadores.


El problema en este punto es que la mayoría de convenios incluye diferentes mejoras respecto al Estatuto General de los Trabajadores y ante la posibilidad de utilizar el primero o el segundo, el beneficio para la empresa recaerá lógicamente sobre el segundo.


La lógica nos dice que la mayoría de empresas optarán por mantener las condiciones laborales de los convenios ya prescritos por un a pequeña parte que aplicará las del Estatuto en su detrimento. En cualquier caso, lo que sí se abre es un nuevo mundo para las nuevas empresas que ahora quieran establecerse en un sector cuyo convenio haya caducado. Y es que en este caso su ventaja competitiva con respecto a las compañías ya establecidas, que presumiblemente mantendrían las condiciones antiguas, sería más que clara.


En cualquier caso, el fin de la ultraactividad no tiene por qué ser el fin de un modelo de convenios de la noche a la mañana, pero sí que parece claro es que se abren nuevas puertas para las relaciones empresa-trabajador y que este último puede no salir beneficiado.